AUTOPARTISTA CORDOBESA CERRO SU PLANTA SIN AVISO Y DEJO A 20 FAMILIAS EN LA CALLE

(7 de julio) La empresa familiar que fabrica componentes automotrices en Córdoba, Crucianelli, cerró su fábrica y dejó a la deriva a sus 20 trabajadores, a quienes ni siquiera les llegó un telegrama de despido, sin notificaciones oficiales y sin canales de diálogo. Los operarios de la histórica fábrica llegaron al establecimiento para cumplir con sus turnos de producción habituales y se toparon con un panorama sombrió: los ingresos principales de la planta habían sido completamente soldados por dentro y por fuera.

Ante la sorpresiva maniobra de la patronal, los operarios decidieron mantenerse en asamblea permanente en las puertas de la sede industrial, ubicada en el barrio Cabildo. En declaraciones, los empleados despedidos narraron cómo se toparon con la empresa: “Vinimos a tomar servicio como siempre y nos encontramos con que todos los portones están cerrados. Los dueños no están y no nos contestan los teléfonos”, relató uno de los delegados gremiales ante las cámaras para describir el nivel de desamparo e incertidumbre que atraviesan.

El representante de los operarios detalló además la abultada deuda salarial que arrastra la administración del establecimiento: precisó que la empresa les adeuda de forma íntegra la primera quincena del mes, y que este mismo lunes vencían los plazos legales para percibir la segunda quincena. De igual manera, el pago de las vacaciones pendientes y el medio aguinaldo correspondiente al primer tramo del año se encuentran en un limbo y sin certezas de cobro.

El delegado desacreditó cualquier argumento corporativo que pretenda ligar el quiebre a una supuesta falta de productividad o viabilidad técnica de las líneas de molienda y ensamble: “Trabajo teníamos. Si llegó a este punto fue por un mal negociado de los dueños, no por otra situación”, remarcó.

Detrás del cierre de los portones empiezan a conocerse historias que dan cuenta de la flexibilización laboral que venía llevando adelante la empresa en la fábrica. Uno de los casos más conmovedores que registró la crónica televisiva fue el de Carlos Alberto, un operario de 63 años que los últimos 15 años de su vida laboral a las prensas de Crucianelli. El operario mostró ante el micrófono su mano amputada de forma parcial, secuela indeleble de un grave accidente laboral sufrido tiempo atrás dentro de la misma fábrica industrial.

Sin embargo, el veterano trabajador confesó que su mayor angustia actual no deviene de las secuelas físicas, sino de la interrupción total de la cobertura médica familiar provocada por los desvíos financieros de la firma. “Hace 8 meses que no le pagan a la obra social y me cortaron los remedios. Hace 2 meses que no me dan nada para el remedio. Mi esposa tiene diabetes y tensión, los remedios no los puede dejar”, apuntó con preocupación.

Al momento de contextualizar los factores que aceleraron el colapso de la firma autopartista, los propios operarios identificaron una combinación de variables macroeconómicas y falencias en la gestión interna. Por un lado, reconocieron que la planta venía experimentando un resentimiento en sus niveles de facturación debido a la caída generalizada del consumo interno. Esta recesión se vio fuertemente agravada por las políticas nacionales de desregulación y apertura de importaciones, una medida del gobierno nacional que desplazó los pedidos locales y los contratos de abastecimiento hacia componentes fabricados en el exterior.

Por el otro, los operarios señalaron de forma unánime que el descalabro financiero y organizativo de la fábrica se precipitó tras el fallecimiento del fundador de la pyme, ocurrido hace dos años. «Es una empresa familiar y la falta de capacidad de los hijos la llevó a fundirse», sentenciaron los empleados para describir el declive de la firma.

Ante la gravedad del lockout patronal, una comitiva de dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) se hizo presente en las instalaciones de barrio Cabildo para brindar asesoramiento legal y respaldo institucional a la permanencia pacífica. Los trabajadores ratificaron que no abandonarán los alrededores del predio soldado hasta que los titulares de la firma comparezcan ante la justicia laboral bonaerense o provincial. “Somos 20 operarios, 20 padres de familia. De acá queremos una respuesta”, concluyeron con determinación frente a los micrófonos.

 

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