(10 de enero) Según el último informe del Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) difundido por el INDEC, la actividad fabril registró en noviembre su tercera caída mensual consecutiva, con una contracción del 0,6% respecto a octubre. Con este dato, la industria perforó sus niveles de actividad hasta alcanzar mínimos que no se veían desde julio de 2024, borrando los magros avances registrados tras el recambio de gestión.
En términos interanuales, el escenario es de derrumbe: la industria manufacturera se desplomó un 8,7% en comparación con noviembre de 2024. Este retroceso es el más severo desde mediados del año pasado y se produce en un contexto de aparente calma financiera tras las elecciones legislativas, lo que demuestra que la estabilidad de los mercados no logró traccionar ni la inversión empresarial ni el consumo de las familias.
El relevamiento oficial es lapidario: 15 de las 16 divisiones industriales presentaron caídas interanuales durante el mes de noviembre. Los sectores más expuestos a la política de apertura comercial del Gobierno de Javier Milei y a la caída del mercado interno producto de sus políticas, son los que encabezan la lista de perjuicios:
Textiles, indumentaria, cuero y calzado: Registraron una caída del 22,7%.
Vehículos automotores y equipo de transporte: Tuvieron un retroceso del 20,7%.
Productos de metal, maquinaria y equipo: Sufrieron un derrumbe del 18,2%.
Dentro de este último grupo, la situación de la línea blanca es crítica. El INDEC detalló que “la producción de aparatos de uso doméstico registra en noviembre una disminución interanual de 39,7%, debido principalmente a una menor producción de heladeras y freezers y de lavarropas”. Esta caída, según referentes del sector, es una consecuencia directa del ingreso de productos importados que desplazan a la manufactura local.
Las estadísticas no son solo números, sino que representan una amenaza directa a la estabilidad de miles de puestos de trabajo, que se perdieron en los últimos dos años y que, de no mediar una recuperación, continuarán la tendencia negativa en los próximos meses.
En la industria automotriz, por ejemplo, el impacto es doble: a la mayor presencia de unidades extranjeras en las ventas locales se suma una caída en las exportaciones, fundamentalmente hacia Brasil, donde los envíos de unidades cayeron un 29,2%. La penetración de vehículos chinos en la región configuró un escenario de competencia extrema que las terminales locales no logran superar.
Incluso sectores que mostraron resiliencia en el pasado, como la industria alimenticia, hoy muestran signos de agotamiento. Aunque junto a la refinación de petróleo (+6,3%) fueron las únicas que crecieron al inicio de la gestión actual, el rubro de alimentos y bebidas acumuló un retroceso neto del 2% en lo que va de 2025, golpeado por una baja del 7,8% solo en noviembre.
El panorama industrial al cierre de 2025 deja a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad extrema y conflictividad en aumento. Con un mercado interno deprimido y una estructura de costos que dificulta la competencia, la incertidumbre sobre la continuidad de las plantas y la preservación de los empleos se convierte en la principal preocupación de cara al inicio del nuevo año, incluso más que el deterioro
El INDEC reportó un derrumbe del 8,7% interanual en noviembre. Sectores como el textil y el automotriz lideran el retroceso ante la apertura de importaciones y la baja del consumo.