(30 de agosto) El mercado laboral argentino atraviesa un proceso de creciente fragilidad, marcado no solamente por la destrucción de puestos registrados, sino también por las mayores dificultades que enfrentan los trabajadores para permanecer dentro del empleo formal una vez que consiguen ingresar.
Los últimos datos muestran que, de cada 100 asalariados privados registrados observados durante el primer trimestre de 2025, apenas 76 continuaban en esa condición un año después. Se trata del porcentaje de permanencia más bajo de la última década y supera incluso los niveles de deterioro registrados durante la crisis económica de 2018 y 2019.
La comparación permite dimensionar el retroceso. Entre 2024 y 2025, unos 80 de cada 100 trabajadores lograban mantenerse dentro del empleo privado registrado después de doce meses, mientras que durante 2018-2019 esa proporción había sido de 79 trabajadores.
A este escenario se suma otro fenómeno que enciende las alarmas sobre la calidad de los puestos que está generando actualmente la economía: la informalidad aparece como la principal vía de reinserción para quienes pierden su trabajo.
De los trabajadores que habían quedado desocupados durante 2024 y 2025 y consiguieron alguna ocupación en lo que va de 2026, el 80% terminó incorporándose al mercado informal y apenas el 20% consiguió regresar a un puesto registrado.
El deterioro se produce en un contexto en el que continúa reduciéndose el universo de trabajadores alcanzados por el empleo formal. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron más de 235.000 puestos asalariados privados registrados, lo que representa una contracción del 3,7%.
En el mismo período también se contabilizó una reducción superior a 70.000 empleos públicos, equivalente al 2,1%, y una pérdida de más de 20.000 puestos entre trabajadores de casas particulares. En contrapartida, una de las modalidades que mostró crecimiento fue el monotributo, con alrededor de 150.000 incorporaciones.
La transformación también puede observarse en la composición general del mercado laboral. Entre el primer trimestre de 2024 y comienzos de 2026, los asalariados privados registrados pasaron de representar el 32,4% al 30,5% del total de ocupados.
Mientras tanto, la participación de los asalariados informales avanzó del 26,4% al 27,2%, al tiempo que el trabajo por cuenta propia pasó del 25% al 28%.
Según un análisis de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia elaborado a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, los asalariados informales alcanzaron su mayor participación sobre el total de asalariados de los últimos veinte años.
Los indicadores oficiales también muestran que la desocupación se ubicó en 7,8% durante el primer trimestre de 2026, frente al 6,9% registrado en el mismo período de 2023. El crecimiento de la informalidad habría funcionado, en ese sentido, como una vía de absorción de parte de quienes quedaron afuera del empleo registrado.
El escenario plantea así un desafío que excede la cantidad total de puestos disponibles: el problema pasa también por la calidad y estabilidad del trabajo que se genera. La menor permanencia dentro del empleo registrado y la expansión de modalidades informales dejan a una proporción creciente de trabajadores con menores niveles de protección laboral y previsional.
Para el mundo sindical, la evolución adquiere especial relevancia porque implica una reducción relativa del universo de trabajadores bajo relaciones laborales registradas, con cobertura de convenios colectivos, aportes previsionales y los derechos asociados al empleo formal.
La dinámica laboral muestra, de esta manera, una combinación preocupante: se destruyen puestos registrados, resulta más difícil conservarlos y, cuando un trabajador pierde su empleo, la principal alternativa de reinserción aparece cada vez más vinculada a la informalidad o al trabajo por cuenta propia.